Francisca Villamán: rigor, vocación y servicio público
Una jueza con sello PUCV: rigor, vocación y servicio
público
Ingresó a estudiar Derecho en la Pontificia Universidad Católica
de ValparaÃso en 1992, después de egresar del Colegio Monjas Inglesas de
Reñaca. Viñamarina de toda la vida, reconoce que el Derecho no fue su primera
opción, pero como era humanista decidió seguir ese camino. ?En primero éramos
un curso de 105 alumnos de todas las regiones y realidades, y eso fue muy
interesante para alguien que habÃa hecho casi toda su vida en la V Región. El
encuentro con diversas realidades es muy enriquecedor en la Escuela?, recuerda.
?Las amistades que hice en primer año son las personas más cercanas para mi
hasta el dÃa de hoy?.
Con
el tiempo, fue descubriendo que la formación en la PUCV era distinta. ?A lo
largo de los años me di cuenta de que nuestra Escuela es bastante única en
comparación con otras de Derecho en Chile. El régimen de estudio fue un
esfuerzo importante, habÃa mucha exigencia?, destaca. Fue en segundo año cuando
comenzó a encantarse con la carrera, especialmente con las materias vinculadas
al ámbito económico, área en la que más adelante desarrollarÃa toda su
trayectoria profesional.
Su
carrera comenzó en el Servicio de Impuestos Internos, en Santiago, donde
trabajó en diversas direcciones regionales y luego en la Dirección de Grandes
Contribuyentes. ?Ahà los abogados trabajábamos con auditores tributarios, lo
que fue un desafÃo profesional constante y me permitió aprender muchÃsimo de
ellos. En ese punto creo que la resiliencia que nos enseña la Escuela me ayudó
mucho. Hay que aprender lenguajes y métodos diferentes?, explica. Durante 15
años participó en la asesorÃa legal de las fiscalizaciones, revisiones
administrativas y litigación de causas emblemáticas del paÃs.
Luego
obtuvo la Beca Chile y cursó un magÃster en tributación internacional en la
Universidad de Georgetown, en Estados Unidos. Posteriormente, se incorporó por
un año a la OCDE, en el Foro Global para la Transparencia y el Intercambio de
Información con Fines Tributarios, donde participó en la confección de reportes
tributarios que tenÃan por objeto describir los sistemas legislativos de los
paÃses participantes y en una segunda fase, analizar el funcionamiento práctico
de ellos, a la luz del estándar de transparencia e intercambio de información
establecido como objetivo.
Tras
esa experiencia internacional, regresó al Servicio de Impuestos Internos, donde
asumió como jefa del Departamento JurÃdico de la Dirección de Grandes
Contribuyentes. ?Era la lÃder de todas las áreas jurÃdicas de esa división:
fiscalización, revisión administrativa de los actos y defensa en litigación.
Tres mundos con mucha responsabilidad?, recuerda.
Más
tarde, dio un paso hacia el ámbito privado y trabajó durante cinco años en el
estudio jurÃdico Baraona, Fischer y Spiess, en el que trabajó junto a Juan
Manuel Baraona, uno de los tributaristas más reconocidos del paÃs, tanto en
ámbito académico como profesional. ?Aprendà mucho de lo privado, pero después
quise volver a lo público?.
Desde
2022 se desempeña como jueza del Cuarto Tribunal Tributario y Aduanero de
Santiago, un espacio que describe como exigente y de enorme responsabilidad.
?Es un desafÃo muy grande porque en este tribunal hay mucha acumulación de
causas pendientes. Asumà existiendo muchas causas antiguas acumuladas, pero con
mucha vocación y con el compromiso de hacer los mejores fallos posibles. Eso
está vinculado al esfuerzo y a la formación que recibà en la Escuela?, señala.
El
tribunal resuelve materias tributarias y aduaneras, incluyendo casos de elusión
fiscal, procedimientos cautelares de vulneración de derechos de los
contribuyentes, impugnación de determinaciones de impuestos, levantamiento de
secreto bancario y aplicación de sanciones. ?En general son causas muy
complejas, algunas más que otras, por ejemplo, la aplicación de la norma
general antielusiva es un desafÃo especial porque se debe acreditar que los
actos, aunque tengan apariencia legal, contravienen la norma y buscan eludir
impuestos. Es un gran desafÃo?, explica.
Al
mirar hacia atrás, reconoce que el rigor de la Escuela de Derecho PUCV marcó
profundamente su manera de enfrentar los desafÃos profesionales. ?El cambio
entre el colegio y la universidad fue muy potente. El rigor es muy importante
al asumir grandes responsabilidades. El saber enfrentar esos desafÃos es el
sello que impone la Escuela. A veces es fácil sentirse agobiado, pero conservar
el rigor técnico es un sello distintivo de la PUCV?, afirma, siempre recuerdo
las palabras que nos dijo de don Enrique Aimone el último dÃa de clases: ?niñitos?siempre
recuerden que uno nunca está tan mal?que no pueda estar peor?.
?Nos enfrentamos a tantas dificultades cuando estudiamos en
comparación con otras escuelas, que aprendemos a adaptarnos. Tuve compañeros de
la PUCV en el SII y en todos ellos vi el mismo sello: una formación transversal
seria que nos permite tener un buen criterio jurÃdico?, agrega.
Finalmente,
entrega un mensaje a las nuevas generaciones de abogados PUCV: ?es fácil pensar
que los buenos abogados son los más inteligentes, pero la Escuela te enseña que
el buen abogado se forma con rigor, dedicación y con el deseo de aportar a la
sociedad. En un abogado PUCV hay mucho interés en hacer bien las cosas, a pesar
de las dificultades. RecomendarÃa ponerle ganas, interés y tiempo, sobre todo
hoy en dÃa en que es tan tentador no esforzarse y recurrir a herramientas que
hacen mucho por ti y tomar conciencia de la importancia de la función que
ejercemos?.
Etiquetas: